Ducado de Lituania




Conocidos por el resto de Europa como los herederos o saqueadores de la Orden Teutona, estos polacos-lituanos estuvieron siglos intentando sostener lo que prusos y rusos no querían: un territorio sin fronteras naturales, una tierra ingobernable.
                           
Con el paso de los años, lituanos y polacos consiguieron formar una cultura similar y abrazar el catolicismo. La fé sería lo único que mantendría unido a un país lleno de nobles incapaces alcanzar acuerdo en la Duma. Era una nación débil, rodeada de lobos hambrientos.

Pasados los siglos y los conflictos, el año 1795 resultó decisivo para la soberanía del pueblo Báltico: la ayuda económica de Suiza  había convencido a los nobles lituanos de separarse de Polonia en 1794. Justo a tiempo: con Suecia aportando materias primas desde el norte, mantuvieron el control de la mayor parte de sus fronteras. Mientras tanto, Polonia fue devorada por Prusia en menos de un año.

Suiza planeaba controlar Lituania, y así tener un país satélite que distrajese a Prusia y Rusia. Para ello, reconstituyó el Ducado y posicionó a una joven aristócrata como candidata a Duquesa. Muchos nobles protestaron, pero el dinero helvético los silenció. La joven, criada entre Francia y Suiza, era de origen lituano y maleable en apariencia. A pesar de contar con el apoyo de su familia, se encontraba aislada en un trono estéril y con fecha de caducidad.

Obligada por el poder regente helvético, la Duquesa atacó Rusia, generando un clima político insostenible. Enfrentada a una guerra que no podía ganar, pocos apostaban por el futuro de la joven señora de Lituania.

Contra todo pronóstico, la Gran Duquesa ha resultado ser una líder capaz: aprende rápido, y ha demostrado un innegable carisma. Ha guiado a su pueblo a través de la guerra y del conflicto con sus aliados Suecos en el norte. Pero ha hecho algo más difícil: ha conseguido que su pueblo haga frente al invierno con menos penurias que todos sus vecinos. Con el pueblo de su parte, y apoyada por un ejército leal y en proceso de modernizarse, la Duquesa no necesita ya ni a la débil nobleza, ni a sus traicioneros aliados extranjeros. Las relaciones con Suiza y Suecia están rotas y la guerra está estancada.

A pesar de tener escasos recursos naturales, y de su complicada situación, el ducado ha cambiado: Lituania ya no es el cebo que Suiza pretendía. Es la cazadora.

Tropas
Las tropas lituanas  aúnan las virtudes de un soldado tradicional experimentado con las de un cazador. Son considerados los mejores tiradores de Europa. Su adiestramiento ha conseguido que sean combatientes competentes con el hacha y una pesadilla para sus rivales suecos, rusos o prusianos. Los únicos enemigos a los que respetan son los temibles otomanos.

Su armamento consta de una vieja armadura bastante ligera, pero que cubre bastantes partes del cuerpo, su inseparable rifle de caza con bayoneta y un hacha. Además, portan máscaras anti-gas fabricadas para hacer frente a las armas químicas de los suecos. Han aprendido a raíz de saquear cuerpos de soldados suecos y estudiar el extraño armamento que han empleado en este último año. En invierno portan pieles de animales que los protegen del frio, dándoles un aspecto mucho menos marcial y más salvaje. Como buenos cazadores, aprovechan lo que necesitan de sus presas.

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