El reflejo de una extraña

La patrulla hizo un alto. Aprovechó para apartarse un poco de los soldados, y sentarse a la sombra. Sacó su viejo espejo de mano, una herencia familiar con  el marco de plata grabado. Chasqueó la lengua con disgusto, al ver su piel morena reflejada en él. ¿Cómo iba a pretender ser una señorita con aquella tez de campesina?

Se rió suavemente de sí misma. Muchos años habían pasado desde que había abandonado las reuniones sociales en Francia y Suiza. Cuando su señora fue proclamada soberana de Lituania, se trajo consigo a sus tres damas de compañía. Durante el viaje todas pensaban que viajaban a un país de cuento de hadas, donde conocerían apuestos príncipes azules.

No conocieron hadas, si no varias guerras, y el único príncipe azul que vino a llevárselas fue el terrible invierno. El cuento había resultado ser una trampa. Pero habían sobrevivido.

Los que tendieron la trampa a la Duquesa no la conocían: inteligente, tenaz y amable para con los que la rodeaban, se había ganado rápidamente el apoyo de su pueblo y del ejército. Tenía un don para conocer las virtudes de la gente, y hacer que las desarrollasen.

Así, sus damas de compañía se convirtieron, de alguna manera, en sus lugartenientes. La pequeña Gabrielle, experta en plantas y jardines, empezó a enseñar a las gentes nuevas especies y modos de cultivo, apartando la hambruna de Lituania. Cuando la guerra empezó, sus dotes de paisajista la ayudaron a camuflar pueblos enteros ante el avance del enemigo. Se la conocía como “la Rosa de la Duquesa”.

Helena, una suiza de constitución fuerte, hacía las veces de modista de la Duquesa. Pronto dejó de trabajar las finas telas de Francia, y empezó a remendar viejos uniformes. Diseñaba abrigos de pieles, e incluso había sido capaz de copiar y mejorar las máscaras anti-gas de los suecos. Cuando el frío llegó, recorrió los pueblos enseñando a coser y tratar los distintos materiales, así como distribuyendo comida. Hábil con el hacha, y envuelta siempre en pieles, empezaron a llamarla con afecto “la Osa de la Duquesa”. 

Y ella….

Un ruido. Movimiento en la ladera. Un uniforme blanco… un ruso. A pocos metros, cargado con el equipaje, su mayordomo. Avanzaban entre los árboles. La línea de visión no era buena. Dejó caer el espejo con una mano, y alzó su rifle con la otra. Inspiró cuando levanto el cañón, y empezó a exhalar suavemente mientras apuntaba. Vió un blanco claro entre las ramas.

Disparó.

El ruso se desplomó.

Los soldados que la acompañaban ya se habían puesto en movimiento, oteando y tomando posiciones. Hizo una seña al que tenía más cerca, para que le pasase su rifle. No había tiempo de recargar. Dejó caer el arma descargada, y atrapó la otra al vuelo. Recuperó la posición.

Había un tronco caído entre el noble ruso muerto y su mayordomo. El sirviente debería pasarlo por encima para llegar a su señor. Ese sería el momento. En cuanto el mayordomo tomó impulso para superar el obstáculo, disparó de nuevo.

El sirviente cayó al suelo con un ruido sordo.

La calma volvió al bosque. Oteó entre los troncos y las ramas, buscando más enemigos. Escuchó. Tras un par de minutos, hizo señas a los soldados para que se asegurasen la zona donde habían caído los rusos. Quizá hubiese algo de valor entre los cadáveres.

Los soldados acataron sus órdenes sin rechistar. Recogió el espejo del suelo y lo guardó en su chaqueta. Su superficie le devolvió, por un instante, la imagen de unos ojos acerados.

En su otra vida había sido una dama de compañía, la encargada de contar todos los chismes de la alta sociedad a su señora.  Tenía buenos ojos y un oído muy fino. Nunca dejaba pasar ningún cotilleo. Ahora  todos sus sentidos buscaban otros objetivos. Ahora era “el Halcón de la Duquesa”.

Comentarios

  1. Está bastante bien. ¡Seguid así! El trasfondo es lo que hace un juego interesante.
    Un saludo!

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    1. Gracias, la base de este blog aparte de divulgar el contenido del juego y enseñar las miniaturas es avanzar en el trasfondo. Que este vivo y haya cantidad, asi que espero que te guste lo que va apareciendo :)

      Un saludo.

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